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Curso de masaje

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Curso de masaje

 

La persona que da el masaje debe calentarse las manos, moviéndolas o
frotándolas, antes de comenzar. Nunca ha de tener prisa. Sus
movimientos han de fluir ininterrumpidamente, sin cortar nunca la
conexión entre él y el receptor; en todo momento ha de haber alguna
mano en contacto con el cuerpo de quien recibe el masaje. En este
capítulo aprenderás a dar un masaje en los puntos del cuerpo en que
suele acumularse la tensión. Puedes dar cada mensaje por separado pero
lo mejor es el completo, un masaje integral que abarque todos los
puntos sensibles.

Dar un masaje

La preparación es esencial para crear el estado de ánimo que lleva a la
relajación mental y a la comodidad física. Necesitas una habitación
cálida, bien ventilada, con luz suave e indirecta. Un poco de música de
fondo y algunos aromas ayudan a crear la atmósfera adecuada. Las velas
aromáticas, el incienso o la quema de aceites vegetales impregnarán el
aire con sus aromas y ayudarán al equilibrio mental. De ser posible
dedica una hora al masaje de todo el cuerpo y asegúrate de que durante
ese tiempo nadie te interrumpa.

Cuando des un masaje tienes que comprobar si estás trabajando en la
postura adecuada, pues nunca debes sentirte incómodo. Si te cansas o
estás tenso transmites la sensación a la persona que recibe el masaje a
través de tus movimientos entrecortados, tensos o desgarbados. Cuando
des un masaje en el suelo ponte de rodillas al lado de la manta, toalla
o colchón, para poder volcar así todo tu peso en el masaje. Cuando
trabajes de pie utiliza una mesa que no sea ni demasiado alta ni
demasiado baja, para no cansar la espalda.

Relajación


Relájate durante algunos minutos antes de dar un masaje. Siéntate con
la espalda erguida, cierra los ojos, pon la mente en blanco y
concéntrate en tu respiración.

 

1. Comenzando por la espalda

2. Hombros y cuello

3. La cara

4. Los pies

5. Las manos

 

1. Comenzando por la espalda


La espalda es una zona muy sensible y propensa a sufrir rigidez y
dolores, por lo que tendrás que dedicar el máximo de tiempo y atención
a esta parte del cuerpo. Frota la espalda con aceite y acaríciala para
ayudar al receptor a relajarse y a establecer un primer contacto.
Utiliza esta primera fase para familiarizarte con el cuerpo del otro y
localizar sus puntos de tensión, así como para determinar el ritmo y el
grado de presión adecuados.


Una persona masajea a otra por la espalda

Cómo frotar la espalda con aceite


Comienza colocando tus manos suavemente en la parte superior de la
espalda del otro. Deslízalas lentamente por los lados de la columna.
Cuando llegues a las nalgas separa las manos y vuelve hacia arriba
deslizándolas por los costados hasta llegar a los hombros. Repite
varias veces estos movimientos hasta que toda la espalda esté cubierta
de aceite.


Cómo masajear la espalda


Colócate a un lado de la persona que recibe el masaje y comienza a
masajear más intensamente las diferentes partes de la espalda.
Concéntrate en los puntos donde se acumula la tensión muscular, por
ejemplo en la espina dorsal y en la región lumbar. En la espalda se
ramifican treinta y un pares de nervios, desde los hombros hasta la
cintura, que están conectados a todos los órganos internos. Hay otras
ramificaciones nerviosas más largas que llegan a las extremidades.
Busca las áreas de tensión, que tienen forma de músculos nodulosos y
agarrotados y de pequeños nódulos granulares. Para terminar, haz una
serie de movimientos circulares como los que utilizaste para lubricar
la espalda (ver página anterior).

1. El omoplato


Coloca una mano bajo el hombro del receptor. Con la otra haz un
movimiento circular frotando intensamente la zona alrededor del
omoplato con las yemas de los dedos. Comienza en la parte superior del
hombro y baja por todo el hueso.

Coloca una mano bajo el hombro del receptor. Con la otra haz un movimiento circular frotando intensamente la zona alrededor del omoplato con las yemas de los dedos. Comienza en la parte superior del hombro y baja por todo el hueso.

 

 

2. Masaje circular en la base de la columna


Con una mano y luego con la otra haz una serie de movimientos
circulares en la base de la espina dorsal con movimientos suaves, como
de amasar, y suficientemente amplios para abarcar toda la zona.

Con una mano y luego con la otra haz una serie de movimientos circulares en la base de la espina dorsal con movimientos suaves, como de amasar, y suficientemente amplios para abarcar toda la zona.


3. Movimiento de oscilación

Pon una mano sobre la otra y deslízalas haciendo presión desde la base de la columna hasta el cuello.

 

Una persona le hace una masaje a otra de la parte baja de la espalda hacia arriba

 

 

Luego, con el índice y el dedo medio haz presión en los costados de la
columna, con una mano siguiendo a la otra en un movimiento de
oscilación.

Luego, con el índice y el dedo medio haz presión en los costados de la columna, con una mano siguiendo a la otra en un movimiento de oscilación.

4. Fricción a lo largo de la columna vertebral

Con los pulgares haz pequeños movimientos giratorios y firmes a ambos
lados de la columna comenzando desde la base. Cuando llegues al cuello
presiona brevemente las cavidades de la base del cráneo. Desliza
rápidamente las manos hacia abajo y comienza de nuevo.

Con los pulgares haz pequeños movimientos giratorios y firmes a ambos lados de la columna comenzando desde la base. Cuando llegues al cuello presiona brevemente las cavidades de la base del cráneo. Desliza rápidamente las manos hacia abajo y comienza de nuevo.

 

2. Hombros y cuello


Las tensiones acumuladas en la espalda se transmiten automáticamente a
los hombros y a los músculos del cuello. Los músculos de la parte
superior de la espalda se funden con el cuello y dan soporte a la
cabeza; por ello la tensión en los hombros y en el cuello puede
provocar jaquecas y cansancio ocular. Los músculos tensos resultan muy
evidentes al tacto. Para relajar esta acumulación de fibras rígidas
tendrás que apretar y amasar con fuerza durante mucho tiempo.

Puedes masajear el cuello y los hombros mientras masajeas la espalda,
con el receptor acostado boca abajo. Otra posibilidad es hacerlo con la
persona erguida. En este caso es más fácil sentir la extensión y la
ubicación de la tensión y la rigidez. Asegúrate de que la persona está
en posición erguida y de que relaja completamente la cabeza y el
cuello.

1. Masaje del cuello


Sujeta uno de los hombros para que el torso no se incline. Agarra la
carne de la parte posterior del cuello entre el pulgar y el índice y
amasa con fuerza. Ves arriba y abajo desde la base del cráneo hasta los
hombros.

Sujeta uno de los hombros para que el torso no se incline. Agarra la carne de la parte posterior del cuello entre el pulgar y el índice y amasa con fuerza. Ves arriba y abajo desde la base del cráneo hasta los hombros.


2. Los hombros


Agarra la parte superior de los hombros y masajéalos profundamente,
desde la base del cuello hasta el borde exterior. Alterna pases
pequeños, profundos y circulares con él pulgar, con otros más grandes
con la palma de la mano.

 

Agarra la parte superior de los hombros y masajéalos profundamente, desde la base del cuello hasta el borde exterior. Alterna pases pequeños, profundos y circulares con él pulgar, con otros más grandes con la palma de la mano.

3. Masaje profundo de los hombros


Desliza los pulgares haciendo presión desde los hombros hasta la base del cuello. Estira los tejidos sin llegar a hacer daño.

Desliza los pulgares haciendo presión desde los hombros hasta la base del cuello. Estira los tejidos sin llegar a hacer daño.

4. Hacer girar la cabeza


Coge la barbilla y la mandíbula con una mano. Haz girar la cabeza
suavemente colocando la otra mano en la coronilla. Repite en la otra
dirección. La cabeza del receptor debe estar totalmente relajada.

 

Coge la barbilla y la mandíbula con una mano. Haz girar la cabeza suavemente colocando la otra mano en la coronilla. Repite en la otra dirección. La cabeza del receptor debe estar totalmente relajada.

 

5. Masaje en la nuca


Coloca una mano en la frente y utiliza la otra para masajear la nuca y
la zona junto a la base del cráneo. Con los pulgares haz movimientos
giratorios pequeños, y pellizca la carne entre el pulgar y los demás
dedos.

Coloca una mano en la frente y utiliza la otra para masajear la nuca y la zona junto a la base del cráneo. Con los pulgares haz movimientos giratorios pequeños, y pellizca la carne entre el pulgar y los demás dedos.

 

 

3. La cara


Un masaje facial puede aliviar la tensión, el cansancio de los músculos
y de los ojos, las jaquecas y la sinusitis. La tensión se suele
reflejar en la mandíbula, la frente y la boca apretadas. Otro síntoma
de estrés es una expresión rígida o falsa, marcada con líneas de
preocupación o depresión. Cuando masajées la cara asegúrate de que tus
manos estén limpias; quítate el aceite cuando toques el cuero cabelludo
y el cabello. Los movimientos deben ser firmes, especialmente sobre las
mejillas. Dirige tu mano hacia arriba y hacia afuera siguiendo las
líneas principales que describen la expresión facial. No estires,
arrastres, pellizques ni aprietes la piel de la cara, especialmente
alrededor de los ojos. No masajées directamente los párpados. La
persona que recibe el masaje facial debe quedarse acostada para aliviar
la fuerza de gravedad en los tejidos.

1. Frente


Pon los dedos sobre las sienes y los pulgares en el centro de la frente
justo encima de las cejas. Lentamente separa los pulgares ejerciendo
una presión firme. Continúa hasta que llegues a la línea del cuero
cabelludo.

 

Pon los dedos sobre las sienes y los pulgares en el centro de la frente justo encima de las cejas. Lentamente separa los pulgares ejerciendo una presión firme. Continúa hasta que llegues a la línea del cuero cabelludo.

 

 

2. Cejas y mejillas

Pasa horizontalmente los pulgares por encima de las cejas y sienes y
luego, comenzando a ambos lados del puente de la nariz desliza los
pulgares sobre las mejillas. Continúa hasta que llegues a la barbilla.

 

Pasa horizontalmente los pulgares por encima de las cejas y sienes y luego, comenzando a ambos lados del puente de la nariz desliza los pulgares sobre las mejillas. Continúa hasta que llegues a la barbilla.

 

3. Barbilla


Continúa los pases horizontales, esta vez comenzando desde el centro de
la barbilla y separando tus dedos a lo largo de la mandíbula hasta
llegar a las orejas.

 

Continúa los pases horizontales, esta vez comenzando desde el centro de la barbilla y separando tus dedos a lo largo de la mandíbula hasta llegar a las orejas.

 

4. Mejilla y mandíbula


Desciende suavemente la yema de los dedos por la cara del receptor.
Sujeta sus mejillas y los lados de la mandíbula y mueve las manos
lentamente hacia afuera, arriba y hacia los lados.

 

Desciende suavemente la yema de los dedos por la cara del receptor. Sujeta sus mejillas y los lados de la mandíbula y mueve las manos lentamente hacia afuera, arriba y hacia los lados.

 

5. Cabeza y cuero cabelludo


Continúa el anterior movimiento hacia arriba. Desliza los dedos y las
palmas de la mano por los lados de la cara y sobre el cuero cabelludo.
junta los dedos y llega a la parte superior de la cabeza a través de
los cabellos.

 

Continúa el anterior movimiento hacia arriba. Desliza los dedos y las palmas de la mano por los lados de la cara y sobre el cuero cabelludo. junta los dedos y llega a la parte superior de la cabeza a través de los cabellos.

 

4. Los pies


El pie humano es una estructura maravillosamente compleja. Está formado
por dos arcos y veintiséis diminutos huesos conectados por un tupido
tejido de ligamentos, tendones y músculos. La planta del pie contiene
una gran concentración de terminaciones nerviosas y arterias que la
vuelven extremadamente sensible al tacto. Un masaje en los pies hace
que éstos recuperen su flexibilidad y agilidad; facilita además la
circulación de la sangre y reduce la retención de líquidos.

Estar mucho tiempo de pie o caminando crea tensiones en los tobillos y
en los pies. Comprueba que tobillos y pies estén lo más relajados
posible. Haz girar los tobillos, dobla los pies e inclínalos de un lado
a otro. Las personas que reciben este tipo de masaje pueden acostarse
boca arriba o boca abajo. Los pases del masaje deben ser firmes y
profundos.

 

1. Abrir el pie


Sujeta el pie con ambas manos de manera que tus dedos apunten en la
dirección opuesta a la de los dedos de los pies. Presionando con todo
el pulgar y con la palma de la mano, separa tus manos desde el centro
del pie, estirando hacia fuera.

 

Sujeta el pie con ambas manos de manera que tus dedos apunten en la dirección opuesta a la de los dedos de los pies. Presionando con todo el pulgar y con la palma de la mano, separa tus manos desde el centro del pie, estirando hacia fuera.

2. Masaje entre los tendones


Coge la planta del, pie con una mano, con los dedos del pie hacia
arriba. Con el pulgar de la otra mano presiona lentamente las ranuras
entre los tendones que van desde la base del tobillo hasta los dedos.

 

Coge la planta del, pie con una mano, con los dedos del pie hacia arriba. Con el pulgar de la otra mano presiona lentamente las ranuras entre los tendones que van desde la base del tobillo hasta los dedos.

 

 

3. La planta del pie

Coge el pie con una mano. Con el pulgar de la otra haz movimientos
circulares y profundos; comienza cerca de los dedos y ves hacia el
talón.

 

Coge el pie con una mano. Con el pulgar de la otra haz movimientos circulares y profundos; comienza cerca de los dedos y ves hacia el talón.

4. Mover los dedos


Con el pulgar y los demás dedos ves sujetando cada dedo del píe por la
base, estirándolo y girándolo alternadamente hasta soltar la punta del
pie.

 

Con el pulgar y los demás dedos ves sujetando cada dedo del píe por la base, estirándolo y girándolo alternadamente hasta soltar la punta del pie.

 

5. Acariciar el pie

Sujeta el pie con ambas manos, de manera que tus dedos queden en la
dirección opuesta a los de los pies. Mueve tus manos lentamente hacia
ti hasta soltar el pie de la persona que recibe el masaje.

 

 

5. Las manos

La tensión se puede acumular gradual e imperceptiblemente en los dedos
y las muñecas. Las causas posibles son la ansiedad, las preocupaciones
o las tareas que requieren un alto nivel de destreza y control manual.
La rigidez en las articulaciones de los dedos puede ser causada por una
mala circulación o por artritis. En el invierno los sabañones resultan
de un bloqueo de la circulación de la sangre en las manos y los pies.

Este tipo de masaje ayuda a prevenir o a aliviar el malestar o la
deformación que produce la artritis. Además enseña cómo y cuándo
relajar las manos, aliviando la tensión, aumentando la movilidad y
mejorando la circulación.

 

 

1. Abrir la mano

Sujeta la mano de la persona que recibe el masaje con la palma de tus
manos pegadas al dorso de la suya y tus dedos en su palma. Aprieta y
estira la mano deslizando los dedos hacia afuera y al mismo tiempo
haciendo presión con las palmas de tus manos.

 

Sujeta la mano de la persona que recibe el masaje con la palma de tus manos pegadas al dorso de la suya y tus dedos en su palma. Aprieta y estira la mano deslizando los dedos hacia afuera y al mismo tiempo haciendo presión con las palmas de tus manos.

 

2. Masaje entre los huesos de la mano

Sujeta la muñeca y con el pulgar y el índice masajea las partes
cóncavas que quedan entre los huesos de la mano. Comienza en la muñeca
y sigue hacia arriba hasta llegar a los dedos.

Sujeta la muñeca y con el pulgar y el índice masajea las partes cóncavas que quedan entre los huesos de la mano. Comienza en la muñeca y sigue hacia arriba hasta llegar a los dedos.

 

 

3. Tirar de los dedos


Sujeta la muñeca con una mano como en el ejercicio anterior y con
la otra ves cogiendo los dedos de su mano. Estíralos y hazlos girar,
mientras los recorres hasta soltar las yemas. Hazlo con cada uno de sus
dedos desde los nudillos hasta las yemas.

 

Sujeta la muñeca con una mano como en el ejercicio anterior y con la otra ves cogiendo los dedos de su mano. Estíralos y hazlos girar, mientras los recorres hasta soltar las yemas. Hazlo con cada uno de sus dedos desde los nudillos hasta las yemas.

 

Masaje de todo el cuerpo


El tiempo de que dispongas determina la duración del masaje. Quizá
decidas centrarte en ciertos puntos de tensión, pero vale la pena un
masaje total si dispones del tiempo necesario, que puede ir de 45
minutos a una hora y media. Para un masaje completo tienes que seguir
una secuencia. Comienza lubricando la espalda. Luego, describiendo
diferentes movimientos, concéntrate en partes concretas. Al principio
los movimientos han de ser ligeros, amplios y expansivos; poco a poco
comienza a describir movimientos más penetrantes, pequeños y profundos.
Comienza con la espalda, las piernas y los pies y luego haz que la
persona se dé la vuelta y masajea la cara y las manos. Si el cuello,
los hombros y la cabeza están tensos y necesitan una atención especial,
dedica algún tiempo a estos puntos al final de la sesión.

La cara posterior del cuerpo

Empieza con círculos amplios que abarquen toda la espalda a lo largo y
a lo ancho. Luego concéntrate en ciertas zonas específicas, por ejemplo
la región lumbar, los omóplatos, la parte superior de la espalda, la
parte posterior de los hombros y la espina dorsal. El masaje debe
incluir también las nalgas y la parte posterior de las piernas.

 


Mujer tumbada cuerpo a tierra

La cara anterior del cuerpo

Pide a la persona que se dé vuelta y masajea la parte anterior de las
piernas y luego los pies. Masajea cada brazo y cada mano por separado y
luego la parte anterior del torso. Concéntrate en los costados, plexo
solar y caja torácica. Luego masajea la cara desde la frente hasta la
barbilla, y desde el centro hasta la línea del cuero cabelludo, sienes
y orejas. Por último masajea los hombros, cuello y cuero cabelludo, que
suelen ser las zonas con mayor tensión. Termina con movimientos largos
e «integradores», que abarquen todo el cuerpo.


Mujer tumbada cuerpo arriba